3/8/07

El "Monte Cervantes"


























El Monte Cervantes era un crucero de 160 metros de eslora, que hacía la ruta Buenos Aires, Puerto Madryn (Chubut), Punta Arenas (Chile), Ushuaia, Buenos Aires, bajo bandera alemana. Pertenecía a la Compañía Hamburgo Sud Americana.


Habiendo partido el 22 de enero de 1930 de Ushuaia con 350 tripulantes y 1200 pasajeros a bordo, varó contra unas rocas sumergidas (probablemente las “Pan de Indio”, cerca de los islotes Les Eclaireurs), a las 9PM.

Se abrió un rumbo a proa, y el barco comenzó a inundarse. Después de analizar la situación, y ante el peligro de hundimiento, su capitán Theodor Dreyer, ordenó evacuar el barco.

Él permaneció a bordo con unos pocos integrantes de su tripulación.


Todos los pasajeros fueron salvados, junto con algunas de sus pertenencias. El Cervantes permaneció a flote por veinticuatro horas más, y luego, durante la bajamar, dió una vuelta campana, produciendo la única víctima del accidente: su capitán.


El crucero permaneció parcialmente sumergido, y fijo a algunas rocas por su popa.

Ushuaia tenía en esos años una población de no más de 800 habitantes. Es fácil imaginar el impacto de 1500 nuevas personas en la ciudad. Fueron distribuidas en casas de familia, e incluso en la prisión, donde los internos compartieron sus alimentos con los nuevos visitantes. Después de 11 largos años de intenso trabajo, buzos de la compañía Salvamar lograron liberar el casco de su varadura. El barco fue dividido en dos partes, y con ayuda de 4 remolcadores (uno de ellos, el Saint Christopher, se encuentra todavía parcialmente a flote cerca del puerto de Ushuaia), se trató de llevar el casco hacia Ushuaia. De repente, y luego de una desafortunada maniobra, el barco comenzó a hacer agua y se hundió para siempre en las aguas del Canal Beagle. Fue redescubierto hace unos pocos años por buzos locales. Lo que ellos hallaron fue la superestructura, con sus cubiertas, mástiles y el resto de la obra muerta, en profundidades que van de los 35 a 45 metros. El casco permanece en más de 100 de profundidad, en algún lugar al sur de los islotes Les Eclaireurs, más allá de los límites del buceo deportivo. Más información sobre el naufragio, incluyendo gacetillas de prensa del segundo descubrimiento (en español),


















Testimonio de un pasajero

Del mar surgen sus memorias y hacia el mar regresan, después de 77 años. "Me acuerdo como si fuera hoy", confiesa Aída Vidret, sobreviviente del hundimiento del crucero Monte Cervantes.
Ella era una joven de 18 años cuando se embarcó con su hermana Dora en la primera travesía turística que se realizara en barco a Tierra del Fuego.
El 15 de enero de 1930 partió la embarcación alemana desde el puerto de Buenos Aires a los canales de Tierra del Fuego con 1.120 pasajeros y 380 marineros.
Durante siete días, Aída Vidret, su hermana, y varios amigos, vivieron momentos de mucha diversión. Pero a la salida de Ushuaia, el crucero sufrió lo imprevisible y la vuelta a casa nunca pudo realizarse a bordo del Monte Cervantes.
El 22 de enero de 1930, al mediodía, Aída descansaba con su hermana en la cubierta del barco cuando de pronto sufrieron un sacudón y escucharon un ruido ensordecedor. El barco se inclinó de tal manera que muchos perdieron el equilibrio.
Aun así, Aída Vidret y el grupo que la acompañaba no creyeron que el barco podía hundirse. "Pensamos que era algo pasajero", dice ahora.
Navegando por el Canal de Beagle, la embarcación había encontrado unas rocas que aparen
temente no estaban marcadas en las cartas de navegación. Y de no haber sido por el capitán, quien realizó una hábil maniobra a último momento para que el barco encallara en las rocas del canal, el barco se hubiera hundido en forma inmediata, según comentó Aída Vidret. "Gracias a él nos pudimos salvar", sostuvo.
En poco tiempo, los pasajeros descendieron en grupos de 20 a 30 personas por unas largas sogas hasta el mar, para subir a los botes de emergencias. Antes de hacerlo, Aída y su hermana habían ido al camarote ubicado en el primer subsuelo para res
catar sus pertenencias. Sin embargo, al llegar, se encontraron con el agua hasta las rodillas. El mar les llevó todo.















Mientras el capitán Theodor Dreyer intentaba reflotar el buque, los tripulantes y pasajeros fueron embarcando en los botes de emergencia.
No se avistaba tierra firme pero estaban cerca. Algunos remaron hasta la costa y ella y su grupo fueron auxiliados por un buque petrolero de origen argentino hasta Ushuaia. Del capitán Dreyer se supo más tarde que como buen hombre de mar corrió la misma suerte que el crucero.
Desde entonces, Aída no volvió a realizar este viaje. Pero volvió a juntarse con los sobrevivientes. Y con uno de ellos, habla periódicamente.
Hoy, contra los años, recuerda con detalle la difícil y emocionante experiencia que les toco vivir a ella y a su hermana.




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